Arica siempre Arica...
Tal vez es porque nací en Arica tal vez es porque viví casi la mitad de mi vida allí pero inevi-tablemente siempre me acuerdo de Arica. La ciudad de la eterna primavera, Arica es una ciudad costera en la frontera con Perú. Por alguna razón tal vez por la culpa de los iquiqueños, siempre ha habido una rivalidad entre las dos ciudades. Lo interesante es que siendo niña nos fuimos a vivir a Iquique, ahí comenzó mi primera experiencia de transplante y mi primera experiencia con resistencia pasiva... Pasé de ser ariqueña viviendo en Arica a ser ariqueña viviendo en Iquique, bastante diferencia!...
Debo haber estado en primero o segundo de enseñanza básica y en la asignatura de música la profesora nos hacia cantar el himno a Iquique. Aún cuando estaba tan chica para tener este tipo de lealtades, me sentía extraña al tener que cantar una canción y honrar a una ciudad que no sentía como propia. Cuando consulte mi dilema con la sabia de mi tribu (mi madre) su recomendación fue simplemente hacer lo que me decía mi corazón hacer: cantar sin cantar y con Arica en mi corazón!
Una de las cosas que siempre he sentido es esa lealtad indescriptible por Arica, a lo mejor es porque desde que supe leer pude descifrar la inscripción en las faldas del Morro “Arica Siempre Arica, Mayor es mi Lealtad”, o quizás es porque nos enseñaron el himno a Arica desde que estaba en el colegio (en mi caso desde que tenía 2 años), o quizás es porque los ariqueños nacimos con un gen que nos liga a la tierra salina colmada de playas.
Debo haber estado en primero o segundo de enseñanza básica y en la asignatura de música la profesora nos hacia cantar el himno a Iquique. Aún cuando estaba tan chica para tener este tipo de lealtades, me sentía extraña al tener que cantar una canción y honrar a una ciudad que no sentía como propia. Cuando consulte mi dilema con la sabia de mi tribu (mi madre) su recomendación fue simplemente hacer lo que me decía mi corazón hacer: cantar sin cantar y con Arica en mi corazón!Una de las cosas que siempre he sentido es esa lealtad indescriptible por Arica, a lo mejor es porque desde que supe leer pude descifrar la inscripción en las faldas del Morro “Arica Siempre Arica, Mayor es mi Lealtad”, o quizás es porque nos enseñaron el himno a Arica desde que estaba en el colegio (en mi caso desde que tenía 2 años), o quizás es porque los ariqueños nacimos con un gen que nos liga a la tierra salina colmada de playas.
La última vez que estuve en Arica fue en el 2002 , y pareciera que el tiempo se hubiese detenido o definitivamente se negara a avanzar hacia el futuro. Las cosas se veían igual y sin descontento parecían no sospechar que en el resto del mundo se vivía a diferente paso. En todo caso esa inmovilidad produce un efecto enceguecedor en Arica y los ariqueños que viven con amnesia focalizada al presente pero que recuerdan hasta el más último detalle de los buenos tiempos, de los tiempos de la "junta de adelanto". Tengo los mejores recuerdos de mi vida en Arica, amistades entrañables que desafían al tiempo y por supuesto esa lealtad guardada en un huequito de mi corazón.




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