viernes, junio 30, 2006

La playa...

Una de los ambientes naturales que más me fascina es la playa, adoración que es probablemente legado de mi karma. Nacer en en el norte de Chile, te da como privilegio el poder disfrutar de playas sin par y del clima ideal para disfrutar de ellas más meses del aňo que los que no. Mi amor por la playa probablemente partió desde pequeňa, tengo fotos para demostrarlo, y también memorias felices de mis tiempos de niňa bajo el sol con mis pies en el agua del mar. Hay algo de la playa que es impresindiblemente relajador, creo que tiene que ver von el rítmico sonido de las olas que en su jugueteo con el viento, se precipitan interminablemente en la orilla de la playa, o a lo mejor tiene que ver con la arena cálida fruto de la absorción de los rayos de nuestro astro rey.

Cuando era niňa me siempre me llevaban a “La Lisera”, es una playa con forma de herradura en el sur de Arica, que por la calma de sus aguas, es la playa ideal para los niňos. Innumerables recuerdos tengo de mis maňanas y tardes en la Lisera, mi hermano aprendió a nadar allí, y ese verano fuimos a la playa todos los días de la semana y con mi amiga Marce, también los sábados y para no perder la costubre incluiamos los domingos en nuestra agenda.

Ahora que es verano en mi tierra adoptiva, me da la nostalgia por la playa...las ironias del destino me transplantaron a un lugar donde la playa más cercana me queda a distancias inconmensurables, por lo que me veo privada del ambiente marino de manera más bien permanente, en casos como este recurro a mi memoria y potencialmente a planear una aventura odiseica que me permita disfrutar de la playa, aunque sea de manera temporal.