La dimensión acuosa...
Comencé a nadar cuando tenía 8 aňos y desde ese tiempo mágico, una piscina siempre ha sido para mí, como mi segundo hogar.Tengo incontables memorias de interminables maňanas y tardes nadando de un extremo a otro en una piscina olímpica, disfrutando del sol y el agua en días de verano en mi nativa Arica.
La seňora Gladys fue mi profesora, una seňora de edad, ya en ese entonces, de contextura gruesa y que caminaba con pesadez, pero que una vez en el agua se convertía en un ser de una agilidad y gracia impresionantes. Bajo sus intrucciones aprendí estilos para nadar y también disciplina. Estar en una piscina tiene para mí, un gustito dulzón con reminiscencias de infancia. Algo de magia tiene eso de estar rodeada de agua, desplazándose en un medio acuoso tan extranjero a la cotidianidad de nuestra existencia en ambientes gaseosos, algo de asombroso tiene la cualidad flotante del cuerpo humano, que sin mucho esfuerzo pareciera levitar y algo de acelerante tiene para mí el de estar moviéndose en un medio que permite sentirse sin gravedad.
Hoy fui a nadar a una piscina local, por primera vez en mucho tiempo, nadé al aire libre aprovechando que el tiempo estival ya ha llegado por estos lares.


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