La reconciliación es dulce...
Mi experiencia en frutillilandia comenzó en realidad el viernes cuando la oportunidad de degustar frutillas dulces y aromáticas despertó mi curiosidad. Después de un viaje por la campiňa local, llegué a mi destino soňado, la ciudad que aloja el festival de las frutillas.Cuando era chica daban en la televisión una serie de monitos animados que se llamaba “Frutillita”, se trataba de una niňa que vivía en una villa de frutillas y obviamente las adoraba porque todo lo que le pertenecía era de frutillas. El poder de la mercadotecnia hizó estragos en todos los juguetes en esa época, y todas las cosas destinadas al uso infantil, pasando por cuadernos hasta ropa, todo tenía algo de relación con “Frutillita”. Esa realidad, era para mi exasperante, porque a pesar de gustarme el aroma de las frutillas, siempre al comerlas con cada bocado, experimentaba el desabrido gusto de la traición a la promesa hecha por su delicioso aroma. Por el hecho de vivir en el norte de Chile, donde se aloja el desierto más seco del mundo, mi experiencia con las frutillas, en ese entonces, era de esperarse ya que a las frutillas no les gusta el suelo salino y seco, por lo que crecen ácidas e insaboras.
Bueno, había llegado a Frutillilandia, y a primera vista nada muy espectacular, sólo millares de carteles multicolores al aire festejando ese preciado fruto, y mi objetivo por el día. Había hecho esta peregrinación con el objetivo de enmendar cuentas con las esquivas frutillas dulces.


Al llegar a la parcela (una de las miles existentes en frutillilandia) escenario final de este peregrinar, el dueňo, un hombre agradable de 81 aňos, me contó que su vida había transcurrido entre las frutillas y compartió unos cuantos secretos conmigo que las frutillas mismas se guardan para sus mejores amigos. Para tener una experiencia personal de reconciliación con las frutillas , me dí el tiempo de recogerlas personalmente.


Al llegar de vuelta a mi casa, después del ritual de rigor, me senté en frente de un plato de frutillas con crema. Podría ser este un plato de frutillas que no necesitaba el agregado de ázucar?, la respuesta.... dulces, dulces.... deliciosas!.
Mi reconciliación con las frutillas completa, puedo decir que las mejores frutillas que he comido fuera de las frutillas que crecen en el sur de Chile, son las que crecen en Portland, Tennessee.


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