jueves, mayo 25, 2006

El gran escape...

Hoy escuché un historia que me hizo sonreir y reflexionar, y aunque es una historia de segunda mano y me tomo alguna licencia artística con respecto a seguir fielmente el relato que escuché, los hechos publicados en esta bitacora virtual reflejan hechos que pudieran acontecer en cualquier lugar con protagonistas de carne y hueso, sólo se han encubierto las identidades para proteger a las inocentes.
Hace algún tiempo atrás cuando mi hermano me contó las vicisitudes y penurias experimentadas por las pobres gallinas que tienen la misfortuna de nacer en una avícola, decidí boicotear a tal industria y deje de comer pollo, por un montón de tiempo. Por coincidencia, en ese entonces vi la película “Chicken Run” lo que aňadió determinación a mi ya invariable decición.... mi boicot duró un par de aňos y después de ese tiempo por razones ajenas a mi voluntad y probablemente relacionadas con una conciencia amnesica, volví al viejo hábito y abandoné el movimiento revolucionario.
Esta historia es literalmente acerca de un escape de gallinas... hace un tiempo atrás le había mencionado a mi esposo que me gustaría comprar huevos de casa, es decir de gallinas viviendo en condiciones hospitables y conducentes a una buena salud mental. Hoy cuando regresó a casa, trajo consigo huevos que había comprado en una casa en el campo...
Las gallinas ponedoras habían comenzado su vida, de acuerdo a la dueňa del lugar, en uno de esos grandes criaderos... estaban siendo transportadas de un destino a otro... probablemente el destino final, cuando por una de esas jugarretas del hado, el camión que las transportaba se volcó y con el todo su contenido avícola. Fue el momento propicio en la que las aves prisioneras de su destino, lo vieron cambiar rotundamente. La dueňa de las gallinas, compró alguna de las sobrevivientes del horrendo accidente... y según su relato, estaban tan gordas y tenían sus extremidades tan atrofiadas que no podían ni sostenerse ni caminar. Al ser introducidas al resto de su gallinero, se veían como unos seres obesos que carecían de toda destreza social. Eventualmente después de un largo y tedioso proceso de rehabilitación, los pollos lograron ajustarse a su nuevo ambiente y ahora viven felices en un parcela. La historia tiene un final feliz para nuestras protagonistas, y es a raíz de esta historia que he vuelto con determinación a mi boicot, esta vez espero que la conciencia no me falle.